viernes, 29 de junio de 2018

Ermita y hermandad de la Aurora (1719). Salvador Raya Retamero


Ermita y hermandad de la Aurora (1719). Según Sánchez de Gálvez, la Hermandad de la Virgen de la Aurora se fundó en Alhama el día 3 de marzo de 1719, en lo que fue la antigua capilla de San Miguel, que viera su fin con el terremoto de 1884. Erigido el templo se dotó de capellán e imagen, asistido por la Hermandad; por esas fechas, se realizó la escultura a la que fue dedicada la iglesia, obra costeada por un grupo de cofrades; se disponía en un trono de nubes con un estandarte en la mano diestra y un centro en la derecha siendo asistida por innumera­bles ángeles. La Hermandad organizaba el culto al Santo Rosario, celebrando fiestas anuales y mensuales, de las que revistió especial importancia la de la Inmaculada. Existió también en el siglo XVIII la Hermandad de las Ánimas, que sería continuadora de los oficios que celebraba la Hermandad de la Aurora los días festivos que, en 1797, figuraba, en el libro de entrada de capitales del convento de Santa Clara, como receptora unas tierras y de 750 reales por parte del convento.
    En 1727, se levantó el edificio de tres naves que constituyó la antigua iglesia de la Aurora y se abrió al culto el 29 de junio de 1733; era todo de sillares, hasta el embovedado; según el mismo autor; en la puerta, la inscripción donde se expresaba que al arrui­narse la antigua capilla de San Miguel los hermanos de la Aurora decidieron construir este templo. El fervor popular impulsó a pasear en procesión la imagen, al alba de todos los días festivos; el templo se fue adornando y enriqueciendo con hermosos faroles de forja y donaciones de fincas de fieles devotos; los faroles, pasaría posteriormente a las Angustias, donde el viajero Ventalló Vintró los conoció, en 1885; en la puerta lucía siempre una lamparilla durante la noche, que alumbraba la imagen de la Aurora.

    En el interior sobre la puerta se leía el letrero: AÑO DE 1719 SE FUNDA LA ERMITA DEL SEÑOR SAN MIGUEL ESTA HERMANDAD DE MARÍA SANTÍSIMA Y SE COLOCO EN DICHA ERMITA. AÑO DE 1727 DÍA DEL SEÑOR SAN PEDRO SE CELEBRO LA PRIMERA MISA. RUEGUEN A DIOS POR LA HERMANDAD Y BIENHECHORES. AVE MARÍA.
    Gómez-Moreno la describió: La ermita tiene tres naves, la del mediodía más del doble que las anteriores y más alta, está sostenida por diez pequeñas columnas y arcos con adornos de yeso. Las de los extremos parecidas. El retablo se hizo el año de 1765. En la última capilla del lado derecho próximo a la pared del altar mayor hay un cuadro que representa a San Pedro sentado en un trono echando la bendición y en la mano izquierda una cruz con tres brazos, en el escalón que sirve de escabel al trono hay dos niños sentados con las llaves, uno en cada extremo; otros dos ángeles sostienen el pabellón que baja del dosel. El estilo de este cuadro es raro, los paños menudos y los cabellos muy sueltos, el color bueno y las figuras del natural, tendrá de alto unas tres varas y media, su parte superior es de medio punto, en la parte inferior: JUA don A AGUS EIS / DON PEDRO LÓPEZ DE ORTIGOSA / PRESBITERO LO HIZO I / PSDV.
    En 1866, se instruyeron nuevos estatutos para la Hermandad del Rosario de la Aurora, con el visto bueno del gobernador civil, el 18 de diciembre de 1867 y, finalmente, aprobadas por la reina Isabel II, el 10 de enero de 1868: La Reina, que Dios guarde, ha tenido a bien prestar su soberana aprobación a los estatutos por que ha de regirse y gobernarse la Cofradía de Nuestra Señora de la Aurora que proyecta establecerse en Alhama. Tal vez, el nuevo impulso en estos años, obedeció a la labor desarrollada por el párroco Sánchez de Gálvez, caracterizado por un profundo celo mariano de rescate de la vida religiosa perdida, de la devoción mariana y de sus tradiciones, no en vano preparó las constituciones; por eso, no es casual que entre sus leyendas, figurara la de la Virgen de la Aurora, con carácter histórico.
    De los estatutos de 1866, se desprende una refundación, con probabilidad, por la decadencia de la devoción de los primeros tiempos, pues en el punto 14 se dice que la Cofradía es la misma Sociedad antigua del Rosario de la Aurora, legítima depositaria de sus pertenencias: son suyos desde luego todos los efectos, alhajas, imágenes y cualquier otro obgeto que tenía aquélla, los cuales si estuvie­ren depositados se reclama­rán y colocarán custodiados en la capilla de un modo convenien­te. Y del punto 15, se deduce que, además, fue la sucesora en el espacio material que ocupara la antigua capilla de San Miguel, cuando se dice: Por igual concepto todos los créditos que antiguamente con cargo piadoso pertenecían a San Miguel o Nuestra Señora de la Aurora. Con la refundación se dotó a la cofradía de 20 puntos que articularon la vida espiritual de la misma. En ella, se admitieron a todas aquellas personas de ambos sexos que lo desearan, con las habituales condiciones de las hermandades: ser vecino, llevar vida honesta y costumbres piadosas. La dirección de la Hermandad recayó en el cura párroco, su presidente, y en un vicepresidente, un hermano mayor, un mayordomo, el capellán de la ermita, consiliario perpetuo, otro comisario seglar, un tesorero y un secretario. Los cargos serían elegidos anualmente, excepto los eclesiásticos.
    La financiación corría a cargo de sus miembros, mediante la aportación de una cuota anual de un escudo, quinientas milésimas de entrada y una vela de cuatro onzas. Todos los ingresos se custodiaban en un arca de tres llaves, en poder del vicepresidente, el hermano mayor y el tesorero, con las alhajas, fondos de intereses, cera de la Cofradía, la lista de los hermanos y los libros de la Hermandad. Los gastos se justificaban por libramientos dados por la junta de gobierno, visados por el arcipres­te.    
    Las numerosas festividades, cuyos actos era preceptivo celebrarlos en el templo de la advocación, dependían de la Hermandad: ejercicios espirituales durante toda la Cuaresma, desde el Miércoles de Ceniza hasta el Domingo de Ramos; una misa cantada solemne el Viernes de Dolores, con sermón por la noche; otra misa cantada, el día 8 de mayo, día de la aparición de San Miguel; una novena y función con misa y panegírico de la Virgen, el ocho de septiembre y rosario público en la víspera; oraciones al Crucificado los cuatro días feriados que precedían al de la Cruz; otra misa cantada, con sermón el 29 de septiembre, a San Miguel y, del mismo modo, el 29 de diciembre, día de Santos Inocentes, la población elevaría sus plegarias a la Virgen de la Aurora. En los días festivos se contemplaba la posibilidad, tras la pertinente aprobación civil y eclesiástica, siguiendo antiguas costum­bres, de realizar rifas de limosnas en dulces o efectos que los fieles por exvotos o por cualquier otro concepto hayan donado a la Señora. Y si ambos cabildos lo permitían, la Virgen en procesión, una vez al año, el quince de agosto o la Pascua de mayo.
    Las obligaciones con los hermanos fallecidos fueron diversas. Cuando alguno de los cofrades necesitaba el viático, la cofradía le asistía y acompañaba con sus insignias y doce luces si fuese en público y con ocho, sin banderola, si fuese privado. El difunto podría depositarse en la capilla de la Aurora, a cuyo funeral concurrirían todos los hermanos con las insignias de la Hermandad. Además, se le celebraría una misa de réquiem, cantada a los siete días del fallecimiento. Del mismo modo, tanto en la casa del difunto, como en la capilla que estuviera depositado el cuerpo, se le instalarían seis luces por cuenta de la Hermandad, la cual despediría el cadáver con la cruz parroquial.
    Para dejar a salvo el derecho parroquial en todas las actividades de la Cofradía, se pactaría con el colector de la iglesia mayor, previa aprobación del cura párroco. El cuidado y asistencia de la imagen, como los aderezos del templo, ornato de altares y otro menesteres corrían a cargo de la Cofradía. Para ello, se nombraba una camarera, encargada de los enseres de la Virgen; un sacristán, que atendía la capilla y los cultos, con reglamentada vestimenta de sotana y sobrepe­lliz; el cuidado de los altares recaía, principalmente, en los hermanos o, en su defecto, en personas piadosas de la población.
     El templo quedó tan afectado con el terremoto de 1884 que su restaura­ción no se realizó, retirándose consecuen­temen­te del culto; por este motivo, en el Informe sobre las pérdidas y daños ni se menciona (Documento 60). En la actualidad, ocupa su lugar una serie de almace­nes, distinguiéndo­se claramente las líneas generales de su arquitec­tura primitiva. Este edificio, ubicado en la última casa de la calle de la Aurora, conserva todavía algunos trozos de las arcadas de las naves interiores que, manifiestan una modesta arquitectura.