sábado, 2 de junio de 2018

El hermafrodita (andrógino o intersexual) Elena de Céspedes. Salvador Raya Retamero


        
      Llama poderosamente la atención la problemática que suscitó Elena de Céspedes, como el desarrollo de su vida social, su paso por el Tribunal Civil y del Santo Oficio y la sentencia emitida por el último. De tal manera que nos encontramos, traspasado el mediodía del siglo XVI, con un hermafrodita, que vive y desarrolla una vida social plena en todos los aspectos y lo que es más llamativo, conocida públicamente, que cuando fue denunciado lo fue primero por una promesa de matrimonio no cumplida a mujer y por la denuncia del alcalde mayor de Ocaña (ésta última decisiva en el proceso que se le instruyó por los tribunales civiles, que lo trasvasarán a la Inquisición); se resuelve todo con una sentencia de las que la sociedad actual no espera del Santo Oficio: diez años practicando sus artes al servicio de la sociedad, en un hospital; no quemado en la hoguera ni apartado de la sociedad como elemento pernicioso sino, por el contrario, en medio de ella, prestándole sus servicios sanitarios directamente. Algunos autores hablan de mofa y burla a las instituciones y la moral de la época por parte de Elena de Céspedes, cosa que pensamos no sería el caso y está fuera de todo lugar, fruto de los prejuicios actuales sobre la Historia de España; la sociedad del momento no lo permitía y pocos estuvieron dispuestos a jugar con los tribunales civiles ni con la Inquisición. La propia declaración de Elena es tan elocuente y veraz como conmovedora. Tampoco estamos de acuerdo con el tinte tenebrista que, aprovechando el episodio, se pretende dar a la sociedad del momento, que también fue la del Renacimiento, cuando se manifiesta que la delación era lo habitual y máxime cuando nos encontramos con el caso Céspedes, que desarrolló como quiso su identidad sexual, con público conocimiento de todos, a pesar de las limitaciones morales imperantes que, ante una evidencia tal, quedaron inactivas[1]; y sólo fue a los cuarenta años cuando, efectivamente, por delación oficial, se le instruyó proceso a una condición sexual conocida por toda la sociedad, sin que se tenga constancia de persecución alguna. Así, cuando recibió el aprobado del gremio de sastres, vistiendo como hombre, se le expidió el diploma como sastra, lo que indica el conocimiento público de su condición: Voluió ésta a Arcos, con la dicha compañía, y por deshacerse allí de la compañía, començó ésta a hacer ofiçio de sastre públicamente en ávito de hombre y se examinó de sastre en Jerez de la Frontera, aunque el título pusieron sastra, por conozer que ésta era muger. Al contrario, Elena afrontó su realidad sexual con la más avanzada naturalidad y la sociedad durante gran parte de su vida lo vio así. Disentimos igualmente, cuando se la dibuja al margen de esta sociedad, por el hecho de ser esclavo, pues ella misma declara que no lo fue. La esclava fue su madre. Además, una esclavitud sui generis: casada con un hombre libre, habitando en su hogar con su hija, a la que enseñaba su oficio.
      Estas circunstancias, evidentemente, no han sido tenidas en cuenta por los tratadistas del tema. No se puede enjuiciar la Historia desde ópticas actuales. Ni confundir transexualidad con hermafroditismo, cuando Elena de Céspedes no adoptó en ningún momento procesos hormonales ni quirúrgicos, para obtener caracteres sexuales del sexo opuesto, pues ella misma confiesa su carácter hermafrodita y su vida lo demostró.
      ¿Cómo se va a culpabilizar al pensamiento del siglo XVI de no adecuarse a los parámetros modernos, si en el siglo XX, el propio Gregorio Marañón en Los estados intersexuales en la especie humana, publicado en 1929, se presenta influido por el pensamiento europeo de su momento, que afianzaba en Medicina las ideas de dos sexos: hombre y mujer; dos géneros: masculino para el hombre y femenino para la mujer; y una sexualidad: la heterosexual; y consideraba enfermos a quienes se apartaban, del paradigma? Y no por eso se le condena.
      Es amplia la bibliografía publicada sobre Elena de Céspedes. El primero que la recoge, escasos años después del acontecimiento, en 1602, fue el médico familiar del Santo Oficio Jerónimo de la Huerta, en su traducción de los libros de Cayo Plinio Segundo, en la que citaba en el índice a Elena de Céspedes, como el engaño de una esclava que se hazía hombre. Desde la fecha, el caso Céspedes pasó inadvertido a los estudiosos hasta el último tercio del siglo XX y nada se supo del mismo hasta que en 1973 Folch Jou y Muñoz Calvo, publicaron el artículo titulado “Un pretendido caso de hermafroditismo en el siglo XVI”[2]. En 1984, Marie-Catherine Barbazza, publicaba otro artículo: "Un caso de subversión social: el proceso de Elena de Céspedes (1587-1589)", en el que ya comienza la confusión de la nomenclatura actual para analizar y definir este caso hermafrodita del siglo XVI, denominándolo travestismo, defendiendo la tesis del travestismo como medio para conseguir movilidad geográfica y laboral para superar las limitaciones de la moral cívico religiosa imperante en la época -nada más ajeno a la realidad-, inventando la condición hermafrodita para resistir la presión de la Inquisición, pues para la autora, esta condición sólo es mito y superchería, mezclando la Biología con otras materias con las que nada tiene que ver. En 1985, Michèle Escamilla publica su artículo “étranges amours d'une hermaphrodite”, en el que reconoce a Elena de Céspedes como la primera cirujana titulada conocida en el mundo y mantiene la tesis de un hermafroditismo psíquico o un pseudo-hermafroditismo femenino[3], planteamiento cuestionado por Alice Domurat Dreger. En 1996 y 1999, Israel Burshatin escribe “Elena alias Eleno”, tomando la nomenclatura de la misma documentación del proceso de la Inquisición en el libro Queer Iberia: Sexualities, Cultures and Crossings from the Middle Ages to the Renaissance, tal vez, la mejor semblanza escrita hasta hoy sobre Elena de Céspedes, que refleja la realidad social del momento, según se ha dicho. En 2003, Sherry Velasco ve en Elena de Céspedes un caso de lesbianismo y entiende que es sentenciada no por su realidad fisiológica, sino por no haber mantenido la virginidad en su caso, en comparación con el de Catalina de Erauso, la monja alférez, autorizada por el Papa a vestir ropa de hombre por haber demostrado su virginidad. Esta versión queda invalidada por la declaración de la misma Elena, que admite tener los dos sexos. En el año 2007, Emilio Maganto Pavón, escribe la biografía de Elena de Céspedes, El proceso inquisitorial contra Elena/o de Céspedes (1587-1888). Biografía de una cirujana transexual del siglo XVI, el cual sigue aplicando terminología actual para estudiar este caso como transexual, cuando Elena de Céspedes -como hemos dicho- no adoptó en ningún momento procesos hormonales ni quirúrgicos, para obtener caracteres sexuales del sexo opuesto.
      Otros autores con visión más o menos novelada se refirieron a Elena de Céspedes, haciéndola contemporaneizar también con la evolución de la sexualidad humana en la actualidad, como Narciso de Gabriel, que en 2010, en su libro Elisa y Marcela. Más allá de los hombres, hace un análisis crítico sobre hermafroditismo, lesbianismo, travestismo y feminismo, dedicando páginas a Elena de Céspedes al tratar el travestismo. Agustín Sánchez Vidal publica Esclava de Nadie; y finalmente un tratado perteneciente a varios autores es La Máscara Infame[4].
      Solo se conoce la vida de Elena de Céspedes por el proceso inquisitorial conservado en el AHN. Es un ejemplo de la encrucijada humana, cívico-religiosa, ética y moral del momento. Nada indica que ésta no fue hija de su padre Pedro Hernández, labrador-molinero, y de Francisca de Medina, esclava negra perteneciente a Elena de Céspedes, mujer de Benito de Medina. Elena de Céspedes fue hija de esclava, pero liberada de la esclavitud desde el principio por sus amos, no sufrió la esclavitud; mulata, debió de nacer, según su propia declaración, entre los años 1545 o 1546, pues en 1587 confesaba tener alrededor de cuarenta años, y cuya relación con Alhama fue la de su naturaleza y haber vivido allí algunos años en su infancia y un breve período de tiempo ejerciendo como sastre. De ella, conocemos datos importantes de su biografía, contenidos en el proceso que se le instruyó por la inquisición, después del correspondiente proceso civil. Fue identificada al nacer como mujer; como mujer llegó al matrimonio; como mujer parió un hijo; como mujer fue considerada, tras las pruebas a que fue sometida por el Santo Oficio, por haber mudado sus hábitos de vida hacia los treinta años, cuando desarrolló vida y costumbres de varón, contrayendo matrimonio con una mujer y manteniendo relacionas sexuales con otras[5].
      Al comienzo del proceso que le instruyó la Inquisición de Toledo, en 1587, se recoge: Céspedes-Elena, alias Eleno de, natural de Alama, esclava y después libre, casó con un hombre y tuvo un hijo; desaparecido y muerto su marido se vistió de hombre y estuvo en la guerra de los moriscos de Granada; se examinó de cirujano y se casó con una mujer. Fue presa en Ocaña y llevada a la Inquisición, donde se le acusa y condena por desprecio al matrimonio y tener pacto con el Demonio.
      Elena nació en Alhama, la primera ciudad conquistada del reino nazarí, en 1482, diez años antes de Reconquista de Granada, como vemos en este estudio, ciudad conformada socialmente según el modelo castellano, donde el origen de la esclavitud era variado. Elena de Céspedes fue hija de una esclava negra -Francisca de Medina- perteneciente a don Benito de Medina y Elena de Céspedes de los que tomaron madre e hija sus nombres respectivos[6]; la esclava estuvo casada con un labrador-molinero llamado Pedro Hernández, según su propia declaración, al detallar su genealogía, matrimonio que por ser poco frecuente, resulta insólito en la época, pues si fueron escasos los matrimonios de libres con esclavas, más difícil fue de esclava de color con libre.
      Siendo niña pasó a trabajar a la vecina ciudad de Vélez-Málaga con la hija de sus dueños, donde permaneció durante unos dos años, tras los cuales regresó a Alhama, momento en el que fallecen sus amos. Casó a los 16 años con Cristóbal Lombardo, albañil jiennense. Este matrimonio apenas llegó a durar tres meses, por las diferencias de carácter de ambos, pero quedó embarazada y alumbró un hijo, que abandonó en Sevilla al morir su madre. A los 20 años la encontramos en Granada de aprendiz de calcetero, tejedor y sastre. De Granada Pasó a Sanlúcar de Barrameda por motivos de trabajo, pues allí -según su testimonio- hallaba bien en que ganar de comer. Fue en esta ciudad donde afloró su conciencia hermafrodita que confesó en el tribunal civil: al tiempo de su nacimiento, salió çerrado de natura e sexo, de manera que no se le hechaba deber, el sexo que tenía más que un pequeño agujero por donde orinaba. Y además explicó al Tribunal el proceso sufrido:
      ...Quando ésta parió, como tiene dicho, con la fuerça del parto, se le rompió el pellejoque tenía sobre el caño de la orina y le salió una cabeza como medio dedo pulgar, que ansí lo señaló, que pareçía en su hechura cabeça de miembro de hombre, el qual, quando ésta tenía deseo y alteraçión natural, le salía como dicho tiene; y cuando no, estaua con alteraçión, se enmustecía y recogía a la parte y seno donde estaua antes que se le rompiese el dicho pellejo. Y quando ésta estubo en SanLúcar de Barrameda, como tiene dicho, haçiendo una obra de ofiçio de sastre,como entonzes husaba,en casa de un mercader de lienzos, que se llama Hernando de Toledo, quedando a solas con su muger, que se llamaua Ana de Albánchez, que era moça hermosa, a ésta le vino gana de vesarla. Y sin deçille cosa alguna la vezó. Y espantándose de esto ella, ésta le dixo medio disfraçada por la vergüenza que ésta tenía de decilla que tenía dos sejos. Y la dicha Ana de Albánchez lleuó a ésta a la cama. Y aunque estaua alterada y tenía aquella caveza salida como tiene dicho y se hechó ençima de ella, no la pudo haçer nada más que aquella demostraçión (...). Ésta se fue a un liçenciado Tapia, Zirujano de aquella çiudad, el qual vio a ésta en secreto y la dixo que hera hermafrodito; y con una tieneta que metió, dio a ésta una nabajada más arria del pellejo que auía empeçado a romperse. Y dada la nabajada, salió un miembro de hombre (...). Esta quedó en abtitud de poder tener quenta con muger y boluió a la dicha Ana de Albácnchez y con ella tubo muchas veçes quenta y actos como hombre.
      De Sanlúcar de Barrameda, tras enamorarse el corregidor de su amada pasó a Jerez, siguiendo la práctica de su oficio de sastre. En Jerez, tras distintas riñas, tal vez provocadas por su condición, optó por vestir como hombre, llamándose simplemente Céspedes, dejando su oficio, trabajó como jornalero en la agricultura y como pastor. Sufrió distintas detenciones como sospechosa de monfí (morisco). Tras salir de la cárcel, volvió a vestir de mujer, por orden del corregidor, lo que indica el conocimiento público de su naturaleza sexual. Después vuelve a vestir de hombre y se alistó en las armas reales para combatir a los moriscos sublevados en las Alpujarras y a los moriscos de la Sierra de Ronda, en sustitución de un hidalgo que le abonó su plaza. Tras la guerra, volvió a su oficio de sastre y accedió al título, otorgado por el gremio correspondiente.
      En 1576, pasó a vivir en Madrid y a llamarse Eleno de Céspedes. En la capital del reino trabó amistad con un cirujano valenciano, que lo aceptó en su casa como aprendiz, abandonando así su oficio anterior y dedicándose desde ahora de lleno al nuevo de cirujano, por el mayor beneficio económico que reportaba. Desde 1579, comenzó a ejercer privadamente. Su fama de cirujano fue creciendo y trabajó en el Hospital de la Corte, siendo llamado al Escorial para curar a Vicente Obregón, uno de los maestros de cantería y albañilería de las obras, y allí permaneció dos años. Tras ser acusado de intrusismo por no disponer del título, se presentó a examen y obtuvo la titulación de cirujano y la licencia. Instalado en Madrid, inició relaciones amorosas con una viuda llamada Isabel Ortiz, madre de dos hijos, que tras abandonarla lo denunció, alegando haberle dado promesa incumplida de matrimonio. Desde 1581, trabajó en Cuenca, en La Guardia, en Pinto, Valdemoro, Yepes, Ocaña, Aranjuez y Ciempozuelos. En esta última ciudad caía enfermo en 1586, cuando entablaba relaciones con la hija de la familia que lo hospedaba y tras preparar los esponsales y las amonestaciones ante el vicario de Madrid comenzaron sus problemas, pues algo debió de notar el clérigo para inquirir en él hasta obtener respuesta:...Pero el Vicario (…) la dixo que si era capón y esta respondió que no, que la mirasen y bería como no lo era. A ello le sucedieron distintas revisiones médicas, como la del doctor Francisco Díaz, médico y cirujano de Felipe II que testificaba:
      Que ha visto sus miembros genitales y los márgenes vecinos y a la vista de estos y tocados con las manos, declaraba (…) que él tiene su miembro genital el cual es bastante perfecto con sus testículos formados como cualquier hombre y que en la parte inferior junto al ano tiene una manera de arrugación que a su parecer a la que tocó y vido no tiene semejanza de cosa que pueda presumirse de natura, porque procurándole tocar no pudo ni fue posible allarle perforación alguna de que se pudiese presumir tal cosa y ansí declaró que este es su parecer y la verdad y bajo su juramento, lo firmó con su nombre. Y con la licencia se vino a Cientpozuelos y se desposó con la dicha María del Caño y de allí se vinieron a Yepes donde se casaron y velaron yn facie eclesial (…) y vivió allí en Yepes más de un año haciendo vida maridable con la dicha María del Caño.
      La persecución definitiva la iniciaba el alcalde mayor de Ocaña, Ortega Castro, donde se estableció con su esposa por no haber cirujanos. Fue el alcalde mayor quien dio aviso al corregidor informándole que conocía a Elena, desde que fue auditor del Campo, en la Guerra de Granada: que avía conocido a ésta y que decían que era mujer y otros que decían hera macho y hembra. Con esta acusación, viniendo del alcalde mayor, el corregidor la mandó prender, acusándola de vestir de hombre, sin serlo, casado con mujer. Fue encarcelado y confiscados sus bienes para el procedimiento, habitual en los procesos judiciales.
      Se vio sometido a nueva exploración, en la que abundaron las contradicciones, incluso en uno de los médicos que ahora se certificaba que tenía órganos masculinos, afirmando que no puede entender la causa más de que se entiende que sea alguna ylusión del diablo y que la dicha Elena de Céspedes debe ser hechicera. El tribunal trata de demostrar que Eleno era autor del pecado nefando, por lo que le preguntó que con qué miembro y de qué metal o materia era con lo que conocía a la dicha María del Caño y le hacía entender ser el natural de ombre. Eleno respondió que su miembro era de varón pero que lo había perdido por padecer enfermedad y que por ser cirujano se había curado a sí mismo.
      El proceso pasó de la justicia ordinaria a la Inquisición a petición de un capellán de Ocaña. Se sucedieron nuevos reconocimientos. Una de las pruebas testificales recogida por Maganto Pavón a la comadrona que lo examinó:
      Promovióse juramento a Inés López de la Peña comadre y vecina de la villa, la qual después de haber jurado (...) testificó (...) que la dicha Elena de Céspedes acusada en este proceso, la cual testigo ha visto y mirado juntamente con Mari Gómez e Isabel Martínez, que la dicha es mujer e tiene natura de mujer y se le metió por ella una vela dentro e por cantidad por dicha natura (...) la cual entró premiosa y poco, y con esto esta testigo no entiende que háyanle echado varón a ella. También le vio las tetas y es tan gorda que tiene los pechos grandes conforme al cuerpo, y pezones, los cuales tiene sino de mujer, y tiene el pecho desbaratado en alguna manera[7]. El mismo autor recoge la declaración tomada en Toledo el 13 de agosto de 1587 a los médicos del Santo Oficio de la Fuente y Villalobos y al cirujano Juan Gómez[8]. La declaración de Elena de Céspedes en su propia defensa no deja de ser explícita, sincera y hasta emotiva:
      Porque yo con pacto expreso e tácito de demonio, nunca me fingí hombre para casarme con muger como se me pretende imputar, e lo que pasa es que como en este mundo muchas veces se han visto personas que son andróginos, que por otro nombre se llaman hermafroditos que tienen entrambos sexos, yo también e sido uno de estos y al tiempo que me pretendí casar ni calecía e prevalecía más en el sexo masculino e naturalmente era hombre e tenía todo lo necesario de hombre para poderme casar (…) porque yo naturalmente e sido hombre y mujer y aunque esto sea cosa prodigiosa y rara, que pocas veces se ve, pero no son contra naturaleza os hermafroditos como yo lo he sido.
      Fue condenada en auto público de fe, celebrado en la plaza de Zocodover de Toledo el domingo 18 de diciembre de 1588, adonde salió en forma de penitente con coroza e insignias, que manifestaban su delito; abjuró de leví (comparecencia del inculpado en auto de fe sólo por indicios leves -el menor grado de culpabilidad- en el que se le advertía, reprendía, multaba, desterraba y se azotaba públicamente); le dieron cien azotes por las calles públicas de Toledo y otros cien por las de Ciempozuelos, y fue condenada a diez años de reclusión en un hospital, para que sirviese sin sueldo en las enfermerías. Nada más nos llegó de esta alhameña intersexual.


[1]Como fue habitual en otros casos. En Alhama comprobamos en su momento cómo una mujer acusada de estar amancebada, respondía al Tribunal inquisidor que se la daba igual, que muchas reinas y santas había que habían hecho los mismo.
[2]Boletín Social de Historia de Farmacia, 1973.
[3]En Hermaphrodites and the Medical Invention of Sex, en 1998.
[4]Actas de la Inquisición a Eleno de Céspedes.
[5] Cfr. AHN, Sección Inquisición, leg. 234, exp. 24.
[6]Cfr. Genealogía, Heráldica, Historia y Sociedad. Alhama…, linaje Medina.
 [7] Cfr. Emilio Maganto Pavón, "La intervención… "
 [8] Tras tomarlos juramento en forma de derecho (...) les fueron leydas las confesiones hechas por Elena de Céspedes en este Santo Oficio, después que está presa en él, acerca de decir que a tenido seso de hombre siendo mujer y tiniéndole de tal (...) y avyéndolas leydo e informado acerca desta les mandaron viesen y mirasen a la dicha Elena de Céspedes sus partes vergonzosas y que declaren si es verdad que a tenido y sucede aver tenido seso de hombre como dice los tubo. Con lo que los dichos médicos y cirujano entraron al patio de las cárceles donde fue traída la dicha Elena de Céspedes a la qual vieron y miraron según les fue mandado y volvieron a la audiencia ante los dichos Señores Inquisidores y dijeron como ellos avían visto a la dicha Elena sus partes vergonzosas, la qual es mujer y que nunca fue hermafrodita ni tiene señales de ello, porque ser mujer debe ser claro y demás deso dice que parió y aunque hizo medicina para cegar y apretar que no pareciese natura de mujer, vino al cabo a aparecer y romper sangre del mestruo que era detenido de antes, que es el flujo de sangre que confiesa a ella le vino y que en quanto a lo de los testículos dicen que no ay señal de averlos avido exteriormente, porque si los uviera avido quedara cicatriz aviéndoseles cortado o cauterizado, o el pellejo donde aparecieran averle salido y que ninguna cosa desto ay en la dicha Elena de Céspedes, y que si en algún tiempo los hubiera tenido se viera por las señales que tiene, y que aunque es verdad que los hermafroditas tienen testículos, son ynteriores, de manera que no se pueden ver ni sentir por de fuera, y en quanto a esto dicen que es embuste decir que los tubo fuera. Y en lo que dice la dicha Elena de aber tenido berga de hombre con que dice tratava con otras mujeres, dijeron que aunque es verdad que pudo crecerle lo que llaman nimphe o pudendum que les nace a algunas mujeres en la matriz, pero que esta no lo tiene ni señal de averla tenido y aunque la tuviera no pudiera salir fuera ni tener fuerza para hacer lo que la dicha Elena de Céspedes dice acía, por donde parece claramente ser embuste. Y en quanto dice que para hacerle salir el miembro de hombre que dice tubo la rompieron un pellejo, que es falso, porque aunque tuviera dicha nimphe que es a manera de berga de hombre que se afloja e inyesta con la pasión natural que les viene a las mujeres que la tienen, hera imposible salir por donde dice la dicha Elena de Céspedes, y no tiene señal de aver avido herida para hacerla que saliese ni cicatriz dello, por donde también se ve ser embuste y que si oviera de aver cicatriz donde dice benía el dicho miembro de hombre avía de ser sobre el empeyne, que es la posición donde nace el miembro viril a las mujeres hermafroditas, como todos los médicos y cirujanos dicen. Y ansí les parece que en quanto a esto que es embuste, porque ni le nació ni tiene cicatrices como las tuviera si le naciera y hubiera cortado como ella dice. Y que en quanto a la polución que dice tener, que esto pudiera ser una humedad que suele salir de la madre naturalmente como a todas las demás mujeres en el tiempo que tienen aceso y delectación con varón y que ansí, si este caía en el baso de las otras mujeres con quien trataba pudiera engañarlas. Y ansí por esto y por aver visto a la dicha Elena de Céspedes como la han visto este día ante mí el presidente y secretario y mirándola muy particularmente la natura y las demás partes circunvecinas de mujer, dicen que la dicha Elena de Céspedes nació y es mujer y que como tal tiene todas las señales de mujer y que nunca ha sido hermafrodito ni en buena medicina puede ser que lo aya sido, ni tenido miembro de hombre y así les parece que todos los actos que como hombre dice que hizo, fue con algunos artificios como otras burladoras han hecho con baldreses y otras cosas como se han visto y que es embuste y no cosa natural, que el artificio con que hizo el dicho embuste y engañó a las mujeres y estas no lo sabían, que ella lo dirá, y que esto es lo que como médicos pueden juzgar debajo del juramento que tienen hecho y lo firmaron de su nombre.

miércoles, 23 de mayo de 2018

La Puerta de la Mina de Alhama de Granada. Salvador Raya Retamero.


La Puerta de la Mina. Fue la puerta utilizada para la comunicación con las alquerías y la costa, según la documentación capitular. Su localización topográfica no reviste mayor dificultad, ya que conocemos con exactitud dónde se localiza la mina, el camino subterráneo (incomprensiblemente abandonado de las Administraciones de todas las épocas, de la dictadura y de la democracia, que amenaza inmediato desplome), que comunicó con el río y el puente que existió allí, del mismo nombre: de la Mina, destruido por las avenidas a comienzos del siglo XIX, no reedificándose más, sustituido por el de nueva construcción, en la fecha, apenas un centenar de metros aguas arriba, junto a los molinos; la puerta se superponía a este camino subterráneo o mina; menos transitada que las dos principales, tal vez, por la dificultad manifiesta para el paso de caballerías, complicado por su angostura y la empinada subida a salvar; se abría al camino de Arenas y a los partidos del Carneril y comunicó con las alquerías y la costa granadina; como se dijo, este camino se encuentra excavado parcialmente en la roca, desde el puente de la Mina, sostenido por muros de medievales y groseros sillares, que perduran, como testigos silentes de los tiempos desaparecidos.
      La mina. Gómez-Moreno la describió en el siglo XIX: Está formada de piedra pequeña a medio labrar, o devastada simplemente. La entrada se encuentra hoy como a diez o doce varas del lecho del río y la ocultan dos peñones y asciende como a diez varas hasta su salida interrumpida actualmente esta subida subterránea y la cual forma algunas de sus paredes. La entrada tiene a su derecha un pilar de piedra labrada, como de cinco varas de altura, y a la izquierda de la roca forma un arco ojival de entrada, compuesto de dos segmentos de círculo que se cortan. Los arcos donde arrancan los diversos tramos de la bóveda son semicirculares, quizás para darle más solidez por la mala disposición del irregular material con que están codificados. Este camino cubierto parece que había de subir hasta los silos (…) Los muros antiguos de sostenimiento de este camino se conservan en algunos pasajes habiéndose destruido en otro sitio por el desprendimiento de grandes moles de piedra. También están algunos trozos de este camino interrumpidos por la misma causa estando todavía empedrados los restos que quedan. Las paredes están a un lado. Su finalidad no fue otra que la de un acceso protegido para su utilización, en caso de sitio, como ocurrió en la Reconquista y, con seguridad, en los momentos de las rebeliones muladíes, con ocasión del puesto por el emir de Córdoba a Omar Ibn Hasún, como se vio, o el de Fernando III. La tradición popular sublimatoria, alcanza aquí su apoteosis, influida por el romanticismo decimonónico, pues hace llegar esta mina, ni más ni menos que, a la alcazaba, como ya recogía Pascual Madoz. Por Gómez-Moreno González conocemos, aproximadamente, la longitud de la misma: diez varas hasta su salida, unos nueve ms; longitud suficiente para comunicar el río y con el interior de la muralla, su principal cometido. Su salida, extramuros, se localiza bajo la Puerta que la remataba; persiste intramuros la callejuela del mismo nombre, típicamente medieval. Esta nomenclatura se registra en algunos documentos del siglo XVI, actas capitulares y protocolos.


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Irrumpe la devoción a la Virgen de las Angustias (1709). Salvador Raya Retamero.


Irrumpe la devoción a la Virgen de las Angustias (1709). Estamos en el siglo XVIII. Corría el mes de junio de 1709, cuando, con motivo de una plaga de caballeta, que afectó a puntos dispersos de la jurisdicción, llegó hasta la ciudad un religioso capuchino, pobre, para conjurar el azote, dispuesto a permanecer el tiempo necesario, hospedado en casa de vecino, a cargo del presupuesto municipal. Fue este fraile quien propuso que, para facilitar el fin de la langosta, se habrían de nombrar dos patronos: una imagen de la Virgen, para rendirle culto en una de las iglesias, y un Santo, cuando encontramos por vez primera una alusión al patronazgo de la Virgen de las Angustias: Que para el mejor éxito de la extinción de la langosta tiene por preziso y conveniente el que por esta ciudad se señale por su Patrona una de las imágenes de Nuestra Señora de las Angustias. A este fin, se realizó el correspondiente sorteo, introduciendo el nombre de las imágenes en un caldero, con el objetivo de señalar como tal Patrona para luchar contra la plaga, la advocación cuya papeleta se extrajese dos veces. Las repetidas fueron la Purísima y San Francisco de Asís. De todas formas, el acto no sentó precedente inmediato, a la hora de fijar el patronazgo de la Virgen de las Angustias pues, aunque la Purísima, fue procesionada, con frecuencia, tanto con anterioridad como con posterioridad a la fecha y durante todo el siglo XVII se celebró su patrocinio, tras el nombramiento de San Francisco de Paula, en 1741, la documentación sólo se refiere a él con claridad, como Único Patrón de Alhama. Y éste, nada tuvo que ver con la plaga, según los autos seguidos por el licenciado don José Rafael de Rojas Sandoval, cura de la iglesia mayor parroquial, para la consecución de la erección por Patrono al Glorioso Patriarca San Francisco de Paula:
      Por cuia actiuidad y eficacia de derecho apoderado a benido efecto el que se aya erejido y nominado canónicamente por el Ilustrísimo Señor Arzobispo de Granada por único Patrono de esta dicha ciudad a dicho Glorioso Patriarca San Francisco de Paula, como consta de su auto de erección y nominación, que se le dio a la letra, después de lo qual el dicho don Joseph de Roxas, que precedía licencia, se halló presente manifestó a la ciudad la singular onrra y conplasenzia que adquiría en hauer contribuido a la satisfazión de la ciudad en la solicitud y axenzia de un aumpto tan interesable y señalado, en que continuaría hasta su perfezión, con los deuidos cultos y festiuas demostraciones al Santo Patriarca y Patrono, siempre que el agrado de la ciudad se manifestase seruida en ella. Y la ciudad, por medio del Señor Decano y en yntelixenzia de lo antecedente, hizo la más uiua y deuota expresión de un efecto tan plausible.

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Sorteo del patronazgo de la Virgen de las Angustias y un Santo en Alhama,
en 1709.
            Que para el mejor éxito de la extinción de la langosta tiene por preziso y conveniente el que por esta ciudad se señale por su Patrona una de las imágenes de Nuestra Señora de las Angustias en las iglesias y conventos y las hermitas della y un Santo de los de su elección y deuozión. Y aora, para que la elección se haga con azierto, se echen suertes, y que la imagen de Nuestra Señora y del Santo que saliere por dos vezes sean los que ha de ser patronos a los quales la ciudad les ha de botar fiestas anuales con toda solemnidad en los días que tubiere por más conveniente para que por su interzesión y patrocinio se aplaque la justicia divina librándonos de esta plaga de langosta este año y en los demás adelante. Y así lo pone en la consideración de esta ciudad para que lo execute si lo tubiere por conveniente.Y por esta ciudad entendido la dicha proposición acordó se execute según y en la conformidad propuesta por dicho religioso capuchino. Y expresada por dicho alcalde mayor se hizo el sorteo y entraron en él las sagradas imágenes de la Purísima Concepción, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Sra. de las Angustias, Ntra. Sra. del Carmen, Ntra. Sra. de la Caueza, Nuestra Señora de los Remedios; y por dos bezes la de la Purísima Conzepzión.                       
       Y se pasó a hazer el sorteo del Santo que a de ser patrono y entraron en él el apóstol San Pedro, el patriarca San Joseph, el Evangelista San Marcos, San Nicolás de Bari, San Antonio de Padua, San Francisco de Asís, San Miguel, San Francisco de Paula, San Pedro de Alcántara, San Juan Baptista y San Isidro Labrador; y así mesmo salió por dos vezes San Francisco de Asís. Y la ciudad aprobó las dichas suertes y difirió a dicho cabildo el botarle y señalarle fiestas anuales.                                                                                                                                        

      Si la devoción a Nuestra Señora de las Angustias la comprobamos desde 1709, también comprobamos cómo desde 1726 se denominaba ermita de las Angustias, cuando el presbítero don Pedro López de Ortigosa, hermano mayor de la Hermandad de la Caridad, en la ermita de nuestra Señora de las Angustias, fabricaba una casa hospital para todo género de pobres. Es por ello que, a mediados del siglo, en 1752, La Virgen y el Nazareno permanecían en su templo como debieron de estarlo siempre y, por eso, los presbíteros don Juan Moreno y don Francisco Jiménez de Raya pedían, como comisarios de la Hermandad de los Dolores, que la ciudad se dignase asistir a su celebración en la iglesia parroquial: …como comisarios de la Sagrada Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, de la ermita de Santa Cruz, con el título de Angustias, intramuros de la ciudad.
      No sabemos desde cuándo, pero en estos años ya existía la Hermandad de la Virgen de las Angustias y su procesión general que, presumiblemente, desde el principio, sería coincidente con el Viernes de Dolores, como comprobamos en 1763, cuando se invitó a la ciudad a la fiesta mayor de la Congregación de Nuestra Señora de las Angustias y a la procesión general desde su ermita. Y continuaba, en 1764, según certificación del escribano, de la rogativa realizada en la iglesia mayor, ante el Santísimo Sacramento y San Francisco, y de la procesión general, a la que asistieron las Hermandades de la Concepción, de las Angustias y de la Aurora, participando un importante concurso de vecinos alumbrando, el clero y la ciudad.
      Es pues claro que, en el sentimiento popular de la ciudadanía, la devoción tradicional a la Purísima y a la de los Dolores llevó a considerar el patronazgo de la Virgen de las Angustias, en 1709, en uno de los más severos episodios de peste o de saltarén padecidos, donde se imploraba a la Inmaculada Concepción, cuya advocación resultó dos veces repetida, identificada en ese acto con la Virgen de las Angustias y, en 1763-1764, con la aparición de la Hermandad de las Angustias. Por ello se puede considerar la centuria de tránsito hacia la consagración definitiva de las Angustias, en el siglo XIX, cuando se introdujo esta devoción, tan granadina, pues, para 1885, ya se recoge explícitamente el patronazgo de la Virgen de las Angustias, en una crónica del Defensor de Granada, cuando se alude a la ermita como, la ermita de Nuestra Patrona María Santísima de las Angustias. Y lo vuelva a confirmar el catalán-español Ventalló Vintró en 1885: Sobre éste se halla la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, patrona de Alhama, hermosa imagen muy venerada por sus habitantes.
      Es evidente que la devoción a la Virgen en Alhama y la protección de la misma se respiró desde la Reconquista, como bien ilustra la hazaña de Hernando del Pulgar, cuando acude a Granada a fijar en la puerta de la mezquita mayor la leyenda del Ave María. Hasta el siglo XVIII, bajo la advocación de la Inmaculada, confundiéndose después con la Virgen de los Dolores y desembocando finalmente en la aparición de la advocación de la Virgen de las Angustias.
      Por tanto, Alhama, donde se viven fervorosamente los actos de la Patrona todos los Viernes de Dolores, cuenta con dos fechas históricas: 1752, cuando ya documentamos los actos por la Hermandad de los Dolores, continuados en 1763, con su fiesta, mayor de la Congregación el viernes, 25 de marzo de ese año, el Viernes de Dolores.
      El Patronazgo de San Francisco se mantiene a lo largo del siglo XVIII y, además, Sánchez de Gálvez reconoce que llegaba hasta sus días, o sea, hasta después del terremoto. Dice: Circunstancias ajenas a la voluntad del vecindario, retardaron el Breve de Roma, que fue obtenido de la Santidad de Pío VI, el 30 de abril de 1790. Desde entonces hasta la fecha subsiste el Patronato; empero la devoción ha tenido diversas fases. También afirma Gálvez que la devoción a la Virgen de las Angustias como Patrona se mantuvo férreamente y por ello se creó en el siglo XIX una asociación de siervos devotos de María, que hacía a la Virgen un lujoso septenario el Viernes de Dolores: pues es tanta la fe y piedad de los alhameños para con la dolorida Señora, que parece no tienen otro ángel tutelar, ni conocen otra fiesta que la suya.
Ermita de la Santa Cruz y de las Angustias,
 en un grabado anónimo del siglo XIX.

      Por otro lado, en 1860, también confirmamos la devoción tradicional que se tenía en Alhama a la Virgen de las Angustias, como lo reconocía su mismo alcalde constitucional Antonio Luis de Montes, cuando proponía al pleno hacer una procesión de la Virgen de las Angustias a la que la generalidad de los vecinos se había encomendado desde siempre, desde la iglesia de las Angustias a la Parroquia, y se coloque en el altar acostumbrado. De esta manera, más o menos inconsciente, se iría configurando el patronazgo actual de la Virgen de las Angustias, materializado en Alhama para cuando tomó impulso, desde 1887, tras el refrendo que la Santa Sede hiciera del patronazgo para Granada, después de llevar cien años su Ayuntamiento considerándola Patrona[9].


[9] La devoción a la Virgen delas Angustias es clara en 1886. Significativa la prensa: Hoy ha sido para esta desventurada ciudad día de pena y de alegría: de pena, porque al recordar las aflictivas circunstancias que nos rodeaban en el mismo día del año ante-próximo, en que la hermandad de caridad, según sus estatutos, celebra constantemente la función religiosa, sacando en procesión a Nuestra amantísima madre María Santísima de las Angustias, desde su casa ermita a la parroquia, donde se celebraban los solemnes cultos, y que en la tarde de hoy volvía a su Santuario, cultos que, con un pesar extraordinario, no pudieron celebrarse, porque la iglesia de la Virgen quedó resentida por el terremoto, los edificios de la estación unos por tierra y otros en inminente peligro, y las calles intransitables; hoy, gracias a Dios, que por intercesión de tan bendita Madre han cesado algunas de nuestras muchas desgracias, porque la ermita se reparó, y sirve de parroquia, con fondos que facilitó el Excelentísimo e Ilustrísimo señor Arzobispo don Bienvenido Monzon (q.s.g.h.), ha podido tener efecto la solemne función religiosa con exposición de S.D.M., y nuestro párroco el Dr. don Federico A. Sánchez pronunció con elocuente sermón de circunstancias, consiguiendo arrancar muchas lágrimas del concurso que podía contener el reducido templo; mas como el pueblo no se satisface sin ver en la calle a su amada Madre, ha salido en procesión con un acompañamiento de cirios que nunca se ha visto en esta festividad, disparándose en el tránsito infinidad de voladores y palmas, especialmente al pasar por las puertas de los casinos, duró la procesión más tiempo que el de costumbre, porque por algunos sitios aún no se puede pasar, por los muchos escombros que hay en las calles por efecto del terremoto y el lodo que han producido las lluvias. Dios quiera aliviarnos de tanto infortunio, 1886).

martes, 3 de abril de 2018

Mariana Ramírez-Tello y Martínez de Carvajal y Toledo. Alhama de Granada. Por Salvador Raya Retamero


Mariana Ramírez-Tello y Martínez de Carvajal y Toledo. Alhama de Granada.
Perteneciente a las nobles familias granadinas de sus apellidos, casaría con el alhameño José Toledo y Muñoz -maestrante de la de Granada, desde el 24 de marzo de 1858-, hermano de Juan Toledo y Muñoz -caballero de la misma, desde el 13 de enero de 1845[1]-, hijos ambos de Juan Toledo y del Corral. Fue aficionada al pincel, como demuestra la obra que presentamos, un óleo sobre lienzo que representa a San José y el Niño, firmado por ésta, en 1865, como Mariana Tello de Toledo. Se conservó en la casa que habitaron los Toledo en la calle Llana. Desconocemos otras obras de la misma como cualquier dato biográfico de una mujer, alhameña de adopción, que intentó excederse al papel asignado a su sexo en su época. El lienzo, una composición religiosa, de tonos cromáticos cálidos, presenta como escena central a San José conduciendo al Niño Jesús, que toma con su diestra, a las afueras de Nazaret, portando en la izquierda una rama florida de almendro o azucenas -símbolo de pureza y castidad-, atributo característico del padre de Jesús; junto a la paloma del Espíritu Santo, sobre las flores de la vara. Se timbra la composición con un cielo abierto de nubes obscuras, preñadas de agua, en el que se suspende la Paloma, flanqueada de cinco angelillos a cada lado[2].
El cuadro, se fecha en 1865, años en los que Gómez-Moreno Martínez realizaba, en sus visitas Alhama, sus propios dibujos, acusa en los rostros de las figuras la huella de las bayonetas como testimonio de la barbarie iconoclasta de la cruenta represión marxista de los Gobiernos revolucionarios de la Segunda República, testimonio parlante de tales acciones.


[1] Valverde Fraikin, J. et alii: Catálogo general de caballeros y damas..., p. 597.
[2] El atributo de la vara tiene su origen en los Evangelios Apócrifos, en los que se cuenta cómo fueron convocados al templo un varón por cada una de las tribus de Israel, para la elección de esposo para María. Cada uno portaría una vara, que depositaban ante el altar. Fue la vara más pequeña la de José, la elegida por un ángel, la que floreció y de la que nació la paloma del Espíritu Santo, como señal del varón elegido para el desposorio con María. De esta manera, se cumplía la profecía de Isaías: Y saldrá una rama de la raíz de Jesse, y una flor saldrá de su raíz (Is. 11,1).

lunes, 26 de marzo de 2018

Puente de Cenascuras o Cerrascura (1844). Salvador Raya Retamero


Puente de Cerrascuras (1844). Ubicado en el barranco de su nombre, sobre la Huerta Cañón; su ejecución fue aprobada por la Diputación el 17 de junio de 1840, e incluido en el presupuesto municipal, ante el perjuicio gravísimo que padecía el vecindario, en el invierno y en épocas de lluvia, en que el paso del barranco se ponía intransitable, motivos por los que se dio vía libre a la construcción del proyectado puente, ejecutándolo en el sitio más apropiado del Barranco de Cerrascuras, el que la experiencia haya acreditado más sólido, se decía, y se autorizó al perito para que lo comunicara a los propietarios perjudicados por su construcción, para que concedan el debido permiso sin perjuicio de indemnizarles. Meses después, volvemos a tener noticas por el expediente formado sobre la construcción del puente, cuando, tras un detenido examen, el Ayuntamiento, por unanimidad, acordó la primera propuesta de la Comisión de Ornato Público: que el camino se facilite por el espolón del tajo que se halla en la parte superior de la Huerta llamada de Cañón, procediéndose desde luego a indemnizar a los terratenientes (…), fijándose en dictamen sobre la conveniencia de que se levante el proyectado puente o se verifique una calzada hermanándola con la que está próxima.


domingo, 25 de marzo de 2018

El descendimiento de la cruz de la conventual del Carmen de Alhama. Salvador Raya Retamero.


Este descendimiento de la Cruz, localizado en la iglesia conventual del Carmen de Alhama de Granada constituye un conmovedor óleo sobre lienzo de imprecisa datación. Se trata de un tema propio de la iconografía del siglo XV, que manifiesta la humanidad de la muerte de Cristo y la caridad cristiana, con la representación de María, Nicodemo y José de Arimatéa. Como los de su clase muestra una explosión de emociones contendidas, en el momento preciso en que el cuerpo sin vida de Cristo es bajado amorasa y desgarradamente de la cruz por Jose de Arimathaea y Nicodemo, ante la presencia de Maria, que parece desvanecerse a causa del dolor inmenso que siente y ante la presencia de San Juan Bautista. 
El cuadro se ambienta en el exterior tenebroso del monte Calvario, en el que el artista no se detiene en detalles sino que ha concetrado toda su atención en las figuras que ocupan todo el espacio pictórico de manera apretada, técnica que obliga al espectador a fijar su atención en la escena central, como observador directo la tragedia, transportándolo inmerso en un profnda intimmidad y piedad espiritual.
El Cristo yacente es el foco central. Las figuras se entrelazan intimamente por el dolor que las une, mediante contorsionadas posturas.