viernes, 10 de noviembre de 2017

Presentación de la Historia Eclesiástica de Alhama de Granada en 2001. Salvador Raya Retamero.



En 300 páginas desgrana la historia y curiosidades de todos los edificios religiosos, algunos ya desaparecidos. 
03/06/2001.- En un lugar poco corriente (Sacristía de la Iglesia del Carmen, de Alhama) y a una hora inusual para la presentación de un libro (una menos cuarto de la tarde), Salvador Raya Retamero congregó el domingo, 3 de junio, a medio centenar de personas dispuestas a conocer las principales novedades incluidas en su última publicación "Historia eclesiástica de Alhama de Granada, (siglos XV-XX)". En el acto el historiador e investigador alhameño estuvo arropado por el párroco de la ciudad, Francisco Puertas, y el teniente alcalde y concejal de cultura, Ricardo Cortés. 

Éste último calificó a Raya de "investigador sistemático y riguroso" y le felicitó por su trabajo que permitirá profundizar en el conocimiento de la Historia de la ciudad. Por su parte, el párroco, tras reconocer el hecho positivo de que una población como Alhama cuente con un buen número de publicaciones destacó el espíritu religioso de los alhameños lo que "supone una pequeña gran ventaja para acercarnos a este libro. Creo que es un regalo que Salvador nos hace hoy para poder adentrarnos en el ser y sentir de esa gente que vivió en esta tierra". 

Tres épocas 

El autor calificó la celebración del acto como "especialmente emotivo" y justificó la elección del lugar por ser "punto esencial de la historia eclesiástica de Alhama, y porque hace casi diez años presentaba uno de mis primeros libros la "Historia de Alhama y sus monumentos", y en esta presentación estaba con nosotros mi padre, cuyo vacío difícilmente se llenará jamás y por eso el libro va dedicado a él". Seguidamente expuso brevemente el contenido de la publicación estructurada en tres partes: el primer período fundacional o etapa oscura (1482-1550), la segunda época o etapa conventual (1550-1680), y la tercera época o etapa decimonónica. A lo largo de poco más de 300 páginas desgrana la historia y curiosidades de todos los edificios religiosos de Alhama, muchos de los cuales ya ni siquiera existen, y se complementa con 17 documentos de gran interés histórico, como la provisión real por la que Carlos I concedió en 1517 el priorazgo de la iglesia de San Benito y el libro de la crónica fundacional del convento de San Pascual Bailón. 
VÉASE:
https://www.alhama.com/digital/cultura/libros-publicaciones/118-salvador-raya-recupera-en-un-libro-cinco-siglos-de-historia

http://datos.bne.es/edicion/bimo0001699589.html

https://www.ivoox.com/entrevista-al-historiador-salvador-raya-autor-la-audios-mp3_rf_5063871_1.html


viernes, 3 de noviembre de 2017

La sociedad económica de Amigos del país de Alhama y el casino decimonónico. Salvador Raya Retamero

     Sociedad Económica de Amigos del País (1839). Su fundación corresponde a este período de la Regencia de María Cristina, cuando la élite social tomó sus propias iniciativas en el campo cultural y la Sociedad Económica de Amigos del País trataba de difundir en el pueblo los conocimientos científicos y culturales del momento. Se fundó en Alhama el 30 de octubre de 1839 y estaba formada por treinta y seis miembros. Fue elegido presidente don Francisco Toledo y Muñoz, personaje de gran influencia en la vida pública. Una comisión de este grupo de ciudadanos elaboró un proyecto con el objetivo de reglamentarla y organizar su administra­ción. Se dividía en distintas agrupacio­nes, según los campos de acción y el conocimiento de sus miembros: de instrucción primaria, de beneficencia, de ornato público, y de espectáculos y caminos. Fruto de su labor fue el paseo en la antigua Carrera, la pila de la Carrera, el teatro Cervantes, el Casino… 

Fachada principal del antiguo casino desde cuyo balcón fueron frecuentes los mítines políticos de la época de la República.

Jóvenes en el antiguo casino decimonónico cuando se denominaba Fiesta en el Aire, en los años 50 del siglo XX.


  El Casino. Se conoce la existencia en la población de un antiguo casino decimonónico, que se halló situado en la Placeta, perteneciente al Ayuntamiento y denominado con el nombre mismo de El Casino, que presumimos puede tener su origen en la época de la Sociedad Económica de amigos del País, y que en su fundación algo tendría que ver con el municipio; al menos las dependencias que ocupó pertenecieron a éste, por lo que en 1884 se remató a favor de don Francisco Vinuesa Fernández en cantidad de 365, una peseta por día del año. Las dependencias fueron las siguientes: salón bajo de billar con su cuarto y excusado, salón principal, cocina, departamentos altos, despacho de bebidas y habitaciones contiguas del callejón alto del teatro, con el guardasofás, inmediato para servicio del postor.

VÉASE DEL AUTOR 

      VÉASE:




    

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Reseña histórica de los cementerios de Alhama de Granada. Salvador Raya Retamero

    
     Las necrópolis bajomedievales de la comarca. Los cementerios de las ciudades hispano-musulmanas se solían emplazar extramuros de las mismas, junto a las principales vías de comunicación, alineándose las tumbas en dirección sudeste, hacia La Meca, siendo lo primero que se topaba el caminante al llegar o salir de la ciudad. A pesar de ello, no nos llegó una sola referencia al de Alhama ni al de sus alquerías, con la excepción de Arenas. Presumiéndose, el de Alhama en el arrabal de la Puerta de Granada, como los de las alquerías, en su inmediaciones.
      La necrópolis de la Torrecilla de Arenas. Se trata de la necrópolis medieval, ocupada desde el siglo X hasta el siglo XIV, según el estudio de Du Souich, en 1979. Posiblemente, perteneció a la alquería. Su análisis tuvo lugar en el período de oro de las excavaciones arqueológicas en la comarca, fruto del trabajo de campo de las campañas de 1968-1969, a cargo de los doctores Arribas y Riu, seguidas de las del doctor Du Souich, entre 1974 y 1979. La necrópolis se situaba en la zona del pantano de Los Bermejales, a cinco kilómetros aproximadamente del edificio de la Confederación, a setenta y cinco metros de la desaparecida alquería medieval. Tuvo una extensión unos 1.100 ms cuadrados, suficiente para una capacidad de unas setecientas tumbas. Fueron excavadas 139, de las que, 138, seguían la orientación NE-SO. Los cadáveres, en decúbito lateral derecho con los pies hacia el N, la cabeza hacia el S y la cara mirando a La Meca. Las tumbas eran estrechas, lo suficiente para el cuerpo amortajado, con excepción de una tumba de mayores proporciones en la que se recogieron tres clavos que los doctores Arribas y Riu interpretaron como correspondientes a un ataúd. Sin ajuar alguno. El total de individuos exhumaciones fue de 152, similar número de mujeres y hombres.
     El cementerio de la plaza mayor. En el plano del Instituto Gómez-Moreno, aparece contiguo a la plaza pública un cementerio, en el que a lo largo de los últimos años se fueron descubriendo distintas sepulturas. La inclusión del camposanto en el recinto amurallado de las ciudades fue en la Edad Media una práctica habitual en las ciudades cristianas de Occidente. Conocido es que los nazaritas los ubicaron extramuros, próximos a los caminos que conducían a las ciudades; ello lleva a considerar el cementerio medieval junto al camino de acceso por la puerta principal, la de Granada. Aunque, por otro lado, también se ha constatado la existencia de algunos pequeños cementerios en el interior de las ciudades, rawdas, pertenecientes a las casas gobernan­tes.
   El cementerio dependiente del Hospital Real y Eclesiástico. Seencontraba a los pies de la iglesia mayor, en lo que constituye hoy una pequeña plazuela adosada al edificio y patios de la casa rectoral, la de la Anunciación, formada en el siglo XIX, ocupando parte del antiguo cementerio, por el presbítero Sánchez de Gálvez, que le dio nombre, frente a la casa del Mayorazgo de los Guzmán, en un documento del cual se reconoce en el testamento del presbítero don Luis López de Vinuesa, en 1731, como la casa propia del mayorazgo de Juan de Guzmán y Quesada, colindante por arriba con la del citado presbítero, en esquina con la callejuela que va a la calle de las Parras, frente al cementerio de la iglesia mayor .
      El cementerio del Ejido. En el Ejido se situaba el camposanto ya en 1615. Así se reconoce en el pleito mantenido entre el Consejo de Hacienda y la ciudad, el 30 de octubre de ese año, cuando al referirse a los ejidos se dice: una dehesa voyal, que está por ençima de la Torresolana, los ejidos Alto y Bajos, y el que está junto al Onsario, extramuros de la dicha çiudad. Y allí debió perdurar en el mismo emplazamiento, hasta que el crecimiento de la población, tras el terremoto de 1884, hizo que mudara su ubicación por la actual, a comienzos del siglo XX. A pesar de todo, se localiza en la plaza pública otro cementerio, cuyo origen desconocemos, que se mantendría hasta que, a finales del siglo XVIII, se dictaron reales órdenes, para su instalación en las afueras de las poblaciones, desvinculados de las iglesias.
     Tras el terremoto de 1884 todos los nichos del cementerio se destruyeron con el terremoto de 1884, quedando los cadáveres a la intemperie mezclados unos con otros, por lo que fue necesario colocarlos en la tierra, como se hizo con todos los que perecieron en la catástrofe, como los de muerte natural, que tal fue el número de cadáveres que llegó un momento que no se sabía dónde inhumarlos. Como era opinión general que el cementerio no debía continuar tan próximo a la nueva población, se iniciaron las gestiones para su traslado, prolongándose la situación por seis meses, cuando aún continuaban los terremotos y trepidaciones alertando al vecindario. Finalmente, se construyó el nuevo cementerio que contribuyó, en 1889, para dar trabajo a los obreros.
        El cementerio actual. Se edificará tras tras el terremmoto de 1884 y sirvió para dar trabajo a los obreros que se encontraban en paro forzoso. En 1888, el Ayuntamiento no encontraba medio para emplearlos y acudía a la provincia, al Estado y a la Comisaría Regia, en el empeño de que comenzaran las obras proyectadas del cementerio, la traída de aguas y la reparación de la parroquia. Ese año, con una cosecha estéril, ante la falta de lluvias y ante las fuertes heladas, se adivinaba un triste porvenir para los obreros del campo, por lo que los jornaleros buscaron trabajo en las minas. Se escribía en el Defensor: la carretera de esta a Vélez Málaga, el nuevo cementerio y otras obras en que debieran invertirse muchos brazos, duermen el sueño de los justos. En 1889 otros se ocupaban ya en el nuevo cementerio, aunque la mayor parte de los operarios eran forasteros.




sábado, 28 de octubre de 2017

Apologia por los baños de la muy noble y leal ciudad de Alhama contra el desengaño qué de ellos escriuiò Francisco Fregoso / [por... Martin Vazquez Siruela]; scriuiala Don Fernando de Vergara Cabeças. Salvador Raya Retamero

Apologia por los baños de la muy noble y leal ciudad de Alhama contra el desengaño qué de ellos escriuiò Francisco Fregoso / [por... Martin Vazquez Siruela]; scriuiala Don Fernando de Vergara Cabeças..



     La Hidroterapia se ocupó repetidas veces de las propiedades medicinales de las aguas termales en todos los tiempos. Algunos tratados impresos se inician a finales del siglo XVI y proliferan desde el XVII. Podríamos decir que el nacimiento de aguas termales es el logotipo por excelencia de la ciudad, ya que hablar de ésta, es hablar de su balneario y remontarnos al origen de la ciudad es remontarse al de su balneario. Pueblo y nacimiento termal están intrínsecamente unidos desde sus orígenes, a pesar de su disociación topográfica medieval. Una de las obras hidroterapéuticas más antiguas, que también se refiere a las aguas de Alhama, es la del doctor Limón Montero, catedrático de Vísperas de Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares, en su obra Espejo cristalino de las aguas de Espa­ña, como el tratado de Juan de Dios Ayuda, que reúne diversas citas de tratadistas anteriores, Examen de las aguas medicinales de más nombre que hay en las Andalucías, en que se da noticia de la situación, contenidos, virtudes y método con que deben usarse las de cada fuente.
      En general, estos tratados hidroterapéuticos se caracterizan por su retórica, de la que es fiel exponente la referencia constante a autores latinos. Aparte del ya reseñado nos referiremos a la obra Apología por los baños de la Muy Noble y Leal Ciudad de Alhama, contra el desengaño que de ellos escriuió Francisco Fregoso, del alhameño Fernando Vergara Cabezas. Desde el punto de vista histórico, es interesante, pues constituye un tratado dedicado a la población, en el que se emplean de modo efectivo los títulos de Muy Noble y Leal Ciudad. También ofrece informaciones históricas que demuestra las pesquisas de su autor por archivos, documentos y bibliografía, pues, se refiere a la ciudad ibérica y púnica, Iemmin, Iammin, Harnmayim o Alhammim. La disertación que se hace sobre los baños y la población la relaciona con la que Ulpiano dedica a su patria, lo que demuestra la relación gentilicia del autor con Alhama, elogiándola con calificativos como valerosa o inexpugnable; recoge la anécdota de los vales que como papel moneda utilizara el Conde de Tendilla, se refiere al escudo, a la exención de alcabalas, etc. y al privilegio de los Reyes Católicos. El motivo de escribir de su autor no fue otro que satirizar el tratado del desengaño de los baños, al considerar que trataba de destruir el crédito de los baños para ganarse -su autor- conocimiento en el presente y memoria en lo futuro, aplicándole juicios como los siguientes, cuando dice: muy pocos ha auido famosos en el obrar, o en letras, o en armas sea que no los aya estimulado el amor de su nombre, a quien devieron su facundia o su esfuerço sus luzimientos mayores, recordando a Ovidio. Y continúa diciendo Esta vanidad aun tiene en los hombres de letras más eficaz estímulo, porque como en ellos no se ve en sí no por sus obras, escriuen muchos para ser vistos (...) Sea pues constante proposición asegurada de lo dicho, que en el hombre viuiendo es gloria grande ser conocido y muriendo, dicha no pequeña el no ser ignorado, en palabras del Eclesiástico. Prosigue su defensa nutriéndose de autores antiguos, tanto griegos como romanos. Y en ella alude incluso al recato de las mujeres, saliendo al paso de la acusación que se hacía de ellas de pasar largo tiempo tomando los baños. Igualmente, defiende el estipendio que se abonaba, frente a la recriminación que por tal motivo se hacía al no ser gratuitos, a lo que alegaba que ni aun palos se dan de esta manera. Ofrece también algunos datos sobre el funcionamiento y abastecimiento del edificio.



PARA VER ORIGINAL DE LA APOLOGÍA DE VERGARA CABEZAS, PINCHAR AQUÍ:


PARA DOCUMENTACIÓN SOBRE EL BALNEARIO DE  ALHAMA COPIAR Y PEGAR:
http://historiareinodegranadaalhama.blogspot.com.es/2012/10/historia-de-los-banos-termales-de.html
Portada de la "Apología" de Fernando de Vergara Cabezas, 1636.


Del Bronce final a la conquista romana en la comarca de Alhama de Granada: La Mesa de Fornes . Salvador Raya Retamero

   Ha quedado de manifiesto en la Prehistoria la presencia del poblamiento desde el Paleolítico, siendo particu­larmente intenso durante el Neolítico, en el que encontramos vestigios de poblamiento hasta en las serranías más yermas, como demuestran los hábitats de Sima de Enríquez y otras en la sierra de Loja. Al avanzar el período ibérico, la población va a crecer, con el desarrollo de la agricultura, ganadería y la caza y manteniendo relaciones comerciales y contactos con la costa mediterránea y el interior, dada la situación estratégica de la comarca como zona de contacto entre la vega granadina y la costa fenicia por el Puerto de Frigiliana, con la Mesa de Fornes; y con el poblado de la Mesa del Baño, de Iammin, por el Campo de Zafarraya. Al establecimiento humano contribuyó el hecho de tratarse de una región bañada por numerosos arroyos y riachuelos, donde la práctica de la agricultura y ganadería se desarrollaba con facilidad. Los yacimientos encontrados se insertan en estas primeras rutas que, por razones, principalmente económicas, fijaron los pueblos que ocuparon la Protohistoria de la zona, procedentes de la Meseta, de Andalucía Occidental y del Valle del Ebro, dada la riqueza ofrecida por la Vega de Granada. De este modo, se produjo la fusión social y cultural que conformó la cultura del Bronce Final Andaluz. A ello, se sumó el influjo fenicio y cartaginés, desde sus asentamientos costeros, como atestiguan los hallazgos de cerámica extraídos tanto en el Cerro de la Mora, en Moraleda, en Fornes, en la Cueva de la Mujer y en las sepulturas de los tajos de Cacín, donde junto a ajuares del Cobre y del Bronce, se registran cerámicas pertenecientes a un Ibérico Antiguo y Pleno y fragmentarias griega y romana.
      Dada la conformación cultural del sustrato ibérico, el pasado turdetano en la zona está intrínsecamente unido a las gentes indígenas del Bronce Final y a las influencias de los colonizadores llegados del Mediterráneo oriental, aunque, por el momento, no se tiene ni documentación escrita, ni numismática, ni epigráfica que demuestre una colonización fenicia. Para el estudio de este período no se cuenta con otro material que el que brinda la arqueología, que propor­cionará el sustrato poblacional más antiguo.
      Como se ve, por el año 600 a. d. C. se desarrolló en la Alta Andalucía la cultura ibérica. Los siglos VI y la primera mitad del V constituyen la primera fase, el Ibérico Antiguo. El período se encuentra salpicado por una progresiva influencia griega y fenicia, por las relaciones comerciales mantenidas con estos pueblos. Cuando comienza la fase plena de la cultura ibérica (segunda mitad del siglo V y IV a. d. C.), los principales pueblos enclavados en la Alta Andalucía fueron los túrdulos, oretanos y bastetanos, siendo los primeros los asentados en nuestro territorio, continuadores de la cultura tartésica, limitaban al este con los oretanos, por el sur con los bástulos, establecidos en el litoral, y con los célticos instalados en la serranía de Ronda; por occidente se internaban en los reinos de Córdoba y Sevilla. Los túrdulos destacaron por su importante cultura y riqueza. Desarrollaron ciudades, el uso de la moneda, el hierro, el torno de alfarero, el comercio, etc. Estructuraron la lengua por principios gramaticales. Poseían literatura y una incipiente historia -leyendas que llevaban su origen a una gran antigüedad-. Es claro que no participaron de las costumbres bárbaras que los antiguos escritores describen de los pueblos hispanos. Se dedicaron a la agricultura y al pastoreo, al cultivo de la vid y del olivo y dominaron entre los siglos V y III a. d. C. El comercio fue practicado entre la vega de Granada y la costa.
      Las fuentes relativas a los antiguos pueblos de la Península Ibérica son abundantes. Desde los autores clásicos como Avieno, Hecateo de Mileto, Herodoto, etc., que denominan a los pueblos del sur peninsular como tartesios, pasando por otros, que se refieren a ellos como túrdulos (Polibio, Eforo, Artemidoro, Estrabón, Asclepiades, etc.).
      Los restos arqueológicos más antiguos de Granada datan de mediados del siglo VII a.C. En el siglo IV o III a.C. pasó Granada a ser denominada como IliberriIlíberis, obteniendo de César el nombre de Municipium Florentinum Iliberitanum, citada en adelante como Florentia. Coetáneos fueron los yacimientos del Cerro de la Encina, en Monachil, del Cerro de los Infantes, en Pinos Puente, fechado entre el 800 y el 700 a. C., el posterior Ilurco; el Cerro del Centinela, los Molinos (Padul), los Baños (La Malahá), La Mesa de Fornes, la Cuesta de los Chinos, en Gabia…                                                                                                           
      Los poblados ibéricos de la región. Se asentaron sobre elevaciones del terreno para una mejor defensa, transformándose posiblemente en su totalidad al ser suplantadas sus formas constructivas por cartaginesas y sobre todo romanas en el proceso de aculturación. Se localizaron restos de muros, en la Fuente del Manco, en la Umbría de los Moriscos; algunas sepulturas en los alrededo­res de Alhama, todo ello conocido desde el siglo XIX. En Moraleda, también se identificaron varios yacimien­tos: en el cortijo de Buenavista, en el Molino del Tercio, que nace hacia la primera mitad del siglo V y será abandonado a principios del siglo X, el Cerro de la Mora, etc. Dos son los asentamientos destacados: el de Las Colonias, en la Mesa de Fornes, y el de la Mesa del Baño (Iammin). En ellos, se registraron monedas íberas y romanas, cerámicas y otros útiles y artilugios. En Fornes, se catalogaron restos arquitectónicos y cerámicas ibero-fenicias, lo que evidencia la penetración del comercio fenicio desde Frigiliana hacia el interior; y en la Mesa del Baño los hallazgos arqueológicos se suceden desde el siglo XIX. Además del Cerro de la Mora en Moraleda, se excavó en la región la Mesa de Fornes.     
      La Mesa de Fornes. Forma un elevado altozano calizo, ocupando el asentamiento el extremo norte, cercado por un gran muro, como en otras fortificaciones ibéricas peninsulares. Se refirió al yacimiento, en 1964, el profesor Pellicer, adscribiéndolo al período ibero-romano, si bien Juan Antonio Pachón Romero y Javier Carrasco Rus demostraron que era mucho más antiguo; posiblemente, del Bronce Final, con una importante facies orientalizante, inserto en el ámbito colonial fenicio del Mediterráneo. Así, se ha de considerar a La Mesa de Fornes como un hábitat intermedio en uno de las rutas fenicias de comunicación entre la costa y el interior, conectando los asentamientos indígenas de la cuenca del Genil (Cerro de la Mora, Cerro de los Infantes y el Albaicín). La localización de La Mesa de Fornes en la cabecera río Argar, es clave en el paso de las sierras de Alhama y Almijara, como en el control del comercio con la costa, con las factorías fenicias, centradas en la explotación de los recursos mineros locales, como el hierro. La ruta encontraba un alto en el Puerto de Frigiliana. Éste se configuraba como una vía importante junto con el paso del Puerto de Zafarraya, como se destacó en las primeras investigaciones del Instituto Arqueológico Alemán en Toscanos, desde los años sesenta del siglo XX.

     Si el yacimiento de la Mesa de Fornes es espectacular, también lo es su amurallamiento, lo que para Pachón explica las relaciones bélicas entre pobladores con las comunidades mediterráneas y la desconfianza entre indígenas y fenicios, si bien esta desconfianza sería extensible a las relaciones con la generalidad de asentamientos. Así, lo confirma una simple prospección visual de la muralla en Fornes, cuya factura apunta a una ejecución nativa, por la irregularidad y colocación del aparejo. Por tanto, la importancia del yacimiento fue destacada en la defensa y control del territorio sur-occidental granadino, también, frente a las colonias fenicias meridionales.

 (Véase del autor: Historia General de Alhama y los cinco lugares de su jurisdicción..., pp. 101 ss.).




miércoles, 25 de octubre de 2017

El asalto de Alhama en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Salvador Raya Retamero.

         Dos aspectos se han de desglosar en la impronta artística de Alhama. Por una parte, la secuenciación litográfica que desde el siglo XVI recoge diversas vistas o perspectivas de la ciudad. Por otra, y diríamos, más importante, la ininte­rrumpida secuencia artística que presenta Alhama, no ya sólo en el período de tiempo que nos ocupa (donde hallamos las huellas de los musulmanes, el estilo Mudéjar, el Gótico, Renacentista, Manierista y Barroco), sino la continuidad que podemos contemplar desde el Paleolítico Medio hasta nuestros días.
             Varias son las ilustraciones de Alhama en la Edad Moderna. Dos de ellas aluden a una vista panorámica de la ciudad en el siglo XVI; las demás corresponden al siglo XVIII.
          
Ya vimos cómo la fortaleza alhameña definió tanto a la población que fue el elemento principal del escudo de la población. Su carácter inexpugnable se acrecentó con las escalas, rememoradoras del asalto castellano de la plaza. Las escalas del escudo de Alhama se encuentran distribuidas en los flancos diestro, siniestro y en punta presenta tres escalas de asalto, que vendrían a significar o representar la táctica militar empleada para la toma de la plaza, el asalto median­te el cuerpo de escaladores, ini­ciado por Ortega de Prado, que fuera seguido por algunos más, hazaña ésta resalta­da sobre­manera por la Historio­grafía de todas las épocas, cantada por el Roman­cero hasta el Romanti­cismo e inmor­talizada en la sillería del coro de la catedral de Toledo, en el que el nudo de la composi­ción lo constituye el asalto aguerrido a la fortaleza. Allí se observa cómo al lado derecho de la puerta, un escalador asciende con hacha de asalto por una escalera, al mismo tiempo que es repelido por dos moros viejos, atacando uno de ellos con una piedra gruesa. Al lado izquierdo de la puerta, otra escala, en la que un soldado cristia­no –arriba– ha sido muerto por la lanza de un moro, y otro es atacado con alfanje, al mismo tiempo que se defiende con una adarga. En una tercera escala, los cristianos han conse­guido hacerse dueños del castillo, enarbolando uno una bandera y portan­do otro la Cruz.
             Este grabado, evidenció Carriazo, respon­día a una finalidad di­fusora de los aconte­cimientos de la guerra de Granada; pero en modo alguno se puede considerar distante de la realidad histórica; por el contrario, refleja unos hechos que, a falta del cine, ilustran perfectamente aquel episodio bélico. El asalto a la plaza mediante escaladores, así como los intentos de recuperarla con el mismo sistema deja fuera de dudas la historicidad de lo representado en el relieve; no menos que cualquier pintura conmemorativa en todas las épocas. Son numerosas y significativas las alusiones que los cronistas hacen a las escalas como elemento decisivo de asalto en la toma de Alhama y en los intentos de recuperarla. Así lo expresaba Pulgar: Con la rauia que los moros tenían por la pérdida de aquella çibdad, porque estaua casy en el medio de su reyno, a fin de la recobrar, llegauan al muro, e ponían las escalas por todas partes, e subían por ellas yndiscretamente. De manera que en estos comba­tes ni guardaban ora ni atendían pertrechos, a todas horas, e con qualesquier defensas, llegauan al muro, pensando que la grande muchedumbre dellos, lle­gando por muchas partes, confundirían a los cris­tianos e los vençerían. Se procuraba incesantemente el asalto de sus mura­llas. Así se intentó en al­guna ocasión cuando se escalaron sus muros por la parte más alta y de más difícil acceso: Puestas las escalas subieron los moros, a gran peli­gro, e fallaron una vela durmiendo, e matáronla. Otra fue a grandes voces a las otras partes donde combatían, diziendo como la çibdad por aquella parte era entrada de los moros. E antes que los cristianos socorriesen, ya estauan dentro de la cibdad fasta setenta moros bien armados, con los quales los cristianos comen­çaron a pelear por tres partes. E otros fueron al lugar por donde los moros subían por la escalas, a las defender la subida, e pelearon con ellos, e fiziéronlos retraer; e algunos desçen­dían por las escalas do avían subido, e a otros algunos façían saltar por las peñas abaxo. E defendieron los cristianos aquel lugar por donde los moros subían, de manera que no pudieron subir más. En esta línea, Bernáldez, al hablar de los cercos de Alhama, dice: mandóle dar combate por todas partes e llegaron los moros con las escalas hasta los muros e combatían muy bárbara­mente osando morir; en otro momento escribe: e túbola cercada cinco días, en los cuales la combatió muy fuertemente e fizo tirar con una gruesa lombarda tres tiros, e entraron los moros por una escala que de ante noche habían puesto en un lugar pequeño de unas peñas e buelta del adarve.

Véase La imagen de una ciudad en la Literatura y el Arte: Alhama. Del Romancero al Realismo. En el Grabado, el Dibujo, Pintura, Escultura y Fotografía. La imagen de una ciudad en la Literatura y el Arte: Alhama. Del Romancero al Realismo.
En el Grabado, el Dibujo, pintura, Escultura y FotografíaSegunda edición aumentada. pp. 291 ss.

http://historiareinodegranadaalhama.blogspot.com.es/2015/06/la-imagen-de-una-ciudad-en-la.html